Qué mirar antes de elegir un envase para comida para llevar: hermeticidad, resistencia al calor y tamaño según el tipo de plato.
No es lo mismo envasar una sopa que una porción de pizza. Los líquidos y las comidas con salsa necesitan un envase con buen sellado en la tapa para evitar derrames durante el traslado; las comidas secas o crocantes (frituras, empanadas) se conservan mejor en envases con algo de ventilación, para que el vapor no las ablande en el camino.
Si el cliente va a recalentar la comida en el mismo envase, conviene un envase apto microondas. No todos los plásticos lo son: los envases de PP (polipropileno) suelen resistir mejor el calor que otros plásticos más económicos, que pueden deformarse.
Un envase demasiado grande hace que la comida se mueva y se desarme en el traslado; uno muy justo dificulta cerrarlo bien. Tené a mano más de un tamaño (chico, mediano, grande) para no forzar siempre la misma opción.
Como referencia general: para porciones individuales de comida armada (viandas, platos únicos) suele alcanzar con un envase de 500 a 750 cc; para guarniciones o salsas aparte, uno chico de 250 cc evita que se mezclen sabores.
Para líquidos, salsas o cualquier cosa que viaje en una mochila o bolso de delivery, priorizá siempre una tapa con cierre hermético o a presión. Ahorra reclamos y devoluciones por derrames.
¿Necesitás ayuda para elegir los productos justos para tu negocio o evento?
Probá nuestras herramientas